Felicidad programada

Julio 11, 2007

Nadie se extraña de que las personas sean felices los días que deben serlo. A todos nos parece natural que existan acontecimientos en los que debemos ser felices y, lo que es más, que dichos sucesos deben de ocurrir para que podamos serlo.

(Bautizos, comuniones, bodas, aniversarios, cumpleaños… No se permite ni un solo gesto de seriedad más allá del ritual. Es obligatorio estar alegres y alborozados)

Pero no nos conformamos con esa felicidad a la que estamos automáticamente condenados, necesitamos tejer andamiajes adicionales para que, con infalible matemática, nos lleven a la cima de la plenitud y el goce en esos días señalados.

(La invitación, la ceremonia, los adornos, el vestido de gala, el convite… No puede quedar ningún detalle sin ancla. Todo tiene que ser perfecto)

Creemos que existe un camino para llegar a ser feliz, un contexto donde es posible serlo. Esperamos a que todo esto llegue sin más ademán que el deseo y el ansia. Y desperdiciamos el resto de nuestros días pensando que no tienen, que no pueden ser perfectos, a sabiendas que la vida no entiende de proyectos o seguridad.

Entonces, ¿por qué seguimos malgastándola?

Democracias títere

Julio 10, 2007

Afortunadamente, una fiebre democratizadora ha invadido el mundo durante los últimos años, con EEUU a la cabeza de tan filantrópico movimiento. Ha llegado a todas partes y, especialmente, a uno de los lugares más necesitados de tan ímprobo esfuerzo: Oriente Medio.

No importa que cada país haya sido el fruto grotesco de la irresponsabilidad colonialista de Europa, que se hayan despreciado la historia, las etnias y las religiones para satisfacer las necesidades politico-económicas; es irrelevante lo que cada pueblo eliga, el camino que le quede por recorrer hasta encontrarse a sí mismo. Aquí, la única salida válida, justa y buena es la de imponer nuestro critério objetivísimo de la democracia como panacea para los males del mundo.

Pero la democracia en este tipo de países no puede ser una hija díscola, un arma que sirva para que el pueblo decida qué es lo que quiere. Porque ellos, en el fondo, no lo saben. Decidir es algo que sólo pueden hacer países como los nuestros: civilizados y desarrollados, conscientes. Ellos deben ser tutelados para satisfacer nuestras demandas, aunque ello suponga la muerte de sus hijos o el sufrimiento de su pueblo. Y es que la libertad y el bienestar de todo el mundo se mantiene con pequeños sacrificios.

Sin embargo, se empeñan en votar a quien no deben y ponen a la comunidad internacional en un verdadero aprieto. El caso más flagrante ha sido Hamás. Sí, es cierto que es la única organización en la zona que ha lo ha dado todo por su pueblo, no sólo porque ha respaldado su lucha o resistencia de forma activa, sino porque ha velado también por sus intereses políticos y sociales. Pero están con su gente, no con nosotros ni nuestros intereses. Además, son terroristas por mucha máscara de partido político que quieran ponerse. Y, lo que es más importante, no son dóciles ni serviles. Por eso preferimos a organizaciones como Al-Fatah, verdaderamente democráticas y responsables. ¿Qué importa que tengan un pasado terrorista si nos han demostrado que ya no lo son con sus genuflexiones correspondientes?

Sea como sea, siempre democracia, pero con gobiernos que tengan crucetas.

[Las grietas...]

Julio 4, 2007

Las grietas se ciñen en la frente
como una corona que anuncia una cruz de sangre,
pero se hacen esclavas de las hormigas
frente a los ojos vacíos de las estatuas.

El llanto amordaza a la aurora
sin un refugio libre de manos cortadas,
pero olvida que no hay heridas o sueños
para la inmensa vaciedad de los ojos.

Porque sólo queda una esclerótica limpia,
desgarrada de iris y de párpados,
ciega a la luz, reflexión pura,
pulso de muerte hincado en el tuétano.

Nada.