Sin título

Febrero 16, 2009

Los días son un atardecer continuo donde nada culmina. Las ventanas están ciegas y el mañana, destejido por la sombra. No hay más camino que el de vuelta.

He fracasado.

No importa nada de lo que he hecho. Ante mí, la terrible lápida del perpetuo intento, la raíz desnuda de lo yermo. Nada.

(Otra vez nada)

Pero los ojos están muertos. Es la hora de las manos y ellas sólo entienden de clavos. Y estas llevan demasiado tiempo ancladas a la misma cruz.

Fin del primer acto.

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