Sobre el valor de las cosas

Diciembre 9, 2008

Las cosas permanecen fijas, siempre limpias de las sombras que arrojamos sobre ellas para darles la forma dolorida de nuestro corazón.

Ellas siempre a la intemperie, libres de esta zozobra que llamamos existencia, de nuestros ojos que creen enterderlas con una balanza en las manos.

No hay en ellas reflejos de nuestras lágrimas o sonrisas, ni tan siquiera un eco de lo que vivimos, ningún atisbo de todo esto que llevamos dentro.

No podemos comprenderlas, por eso las valoramos o despreciamos, por eso, al hacerlo, nos equivocamos y terminamos desengañados o sorprendidos.

Y nos negamos una y otra vez a aceptar la respuesta.

Podría

Noviembre 28, 2008

Perdimos la esperanza y el recuerdo del amanecer, sólo la noche y la sordidez de lo cotidiano llenaron nuestros ojos o el horizonte. Y bajamos profundo, muy profundo, hasta la misma raíz de aquello que detiene el pulso de las cosas.

Pero volvimos, amputados o reconstruídos, con la herida de la sombra o el vacío preñada en el verbo y las manos.

No supimos retomar el camino. Pensamos sólo en las cumbres como tumbas, y nos conformamos con la vulgaridad de la vida programada. Pensamos que lo que se lleva en la sangre podría olvidarse a golpe de espina y silencio.

Un día, ya sin esperanza y sin escudos, fueron suficientes seis palabras para cambiar el mundo, para derrumbar el cristal de nuestras mentiras. Y la lucha volvía a tomar sentido.

No había victoría, pero podría haberla.

Trivializar

Noviembre 5, 2008

Trivializáis lo conocido, lo previsible, pero, para poder seguir adelante, también aquellas cosas que os cincelaron por dentro. Trivializáis lo que queda atrás porque ya no es problema ni aliento. Cuidado, trivializar es una forma sutil de olvido, y quien olvida, sigue siendo un roble por desentroncar.

Yo no hablo de la herida perenne, pues el tiempo da paso a nuevas espinas cuando se ablandan las viejas. Nada nos importa eternamente, las lágrimas se mitigan o volvemos a amar nuevas cosas que nos devuelvan el sabor de la mariposa y del vientre. Hablo de dejar de dar importancia, pero no de olvidar que lo que hoy es pequeño o lejano, un día fue muro y hemorragia para nuestros ojos. Hablo de echar raíz no en un pensamiento que sólo supere lo vivido, sino que lo englobe y contextualice, pues lo que nos duele hoy, tendrá una cicatriz en algún lugar del horizonte.

Y, sobre todo, ¿quiénes sois para trivializar el camino que siguen los demás? Trivializar también es homogeneizar, simplificar, independientemente de que se haya o no vivido una determinada experiencia, pues existen multitud de pasos paralelos y no todos con la misma profundidad de huella.

Al final, se trata de una cuestión de orgullo: ¿a quién le gusta sentirse uno más? Todos buscamos ser importantes para alguien, todos queremos sentir un reflejo en otros ojos de aquello que se mueve entre nuestras sienes. A nadie le gusta no encontrarlo, porque esa es la certeza que mide nuestro vacío.

Raíces en el aire

Julio 11, 2008

Somos como los árboles, nadie sabe lo que crecemos por dentro. Todos buscan la copa ancha y la flor efímera.

(Sólo importa aquello que puede asirse, la ceniza aplazada. Lo que desborde la palma de una mano o haga llorar a los ojos, es sólo refugio para los mediocres)

Como los árboles, olvidados en invierno, cuando las ramas parecen raíces en el aire.

Anclados

Abril 27, 2008

Las personas se aferran a lo que creen que son, a los actos cotidianos que piensan que los definen, a los hábitos comunes. Y así deciden etiquetar al resto.

Seres apegados a la más superfluo, con la memoria seleccionando continuamente los actos que los alzan y que derrumban a los otros.

Por eso les cuesta tanto cambiar, por eso sienten dolor, por eso han dejado de evolucionar: es mucho más cómodo realizar juicios que arar nuevos caminos.

La gente no suele cambiar porque son demasiado pequeños.

La vida torcida

Febrero 5, 2008

Despertar de lo cotidiano, apartarse de los quehaceres de hormiga domesticada para tomar conciencia de los actos, de las pequeñas huídas diarias con las que maquillamos los errores que nos han torcido la vida.

Sentir el peso del tiempo perdido, de la horas malgastadas en los perímetros, del empeño por engañarnos, por fabricar esperanzas de cartón que no soportan ni siquiera un atardecer.

Las huellas marcan la curvatura de nuestro ánimo, no el camino de vuelta. Porque el regreso no es posible con la piel marcada por el acero o la cicatriz.

Sólo nos queda ser honrados.

Ahora

Enero 4, 2008

A Cristina y Sara

 

Nos duele la distancia,
el abandono de nuestras caricias,
la voz distante sin el cálido aliento.

Nos duele la espera,
cada minuto sin labios o frío
en el que no tenemos más que sombras.

Pero ahora que estás a mi lado,
precisamente ahora,
olvida todas tus heridas y,
simplemente,
abrázame.

Sin título

Diciembre 19, 2007

Descubrir que tener la razón no es tener nada, a penas furia en la boca y cansancio en los oídos ajenos.

Comprender que hay caminos imposibles para otros, palabras hechas sólo para el silencio, heridas que no pueden compartirse.

Conocer nuestra carga, aceptar las lágrimas y la soledad a pesar de todo este amor.

Saberse sin pulso, con la esperanza como humilde laurel frente a tanto vacío.

Saber

Noviembre 30, 2007

Saber que las cosas no han cambiado a pesar de las distancias o los silencios.
Saber que las heridas o las grietas no son suficientes para derrumbar los anillos.

Saber que hay fuerzas más resistentes que la sombra y las cenizas.

Y aunque todo claudique ante la muerte,
saber que podemos apuñalarla con la memoria.

(A MIS AMIGOS)

La grieta

Noviembre 25, 2007

 
I
 
El cenit ahora en las espaladas
y en todo el plomo de mis lágrimas.
 
La nieve ha impuesto su ley de otoño:
el óxido en las manos y la oscuridad en la frente.
¡La nieve!¡La nieve!
Sí, esa sangre agotada de aliento,
sin cincel ni futuro,
sin venas ciegas o abiertas por donde derramarse.
¡La nieve!
Palabra muerta en la misma raíz de la luz.
¡La nieve!¡La nieve!
Y la Soledad.
 
II
 
Vencido el amor,
humillada la esperanza
bajo los colmillos de la cotidianidad,
no me resta más que el descendimiento.
 
Este es mi camino,
como vuestras las lágrimas que empuñais con los ojos,
como vuestro es el silencio en esta oscuridad de años.
 
(No podéis seguirme. No puedo acompañaros)
 
El hombre solísimo frente a su corazón,
cuarteado hasta la médula,
sólo grieta, grieta, grieta.
Y Llanto.
 
III
 
Toda la existencia reducida a una sola grieta,
aislamiento y lágrimas -fragilidad pura-,
símbolo y verdadero Verbo de los hombres.
 
Ya sólo un ataúd como bóveda del cielo
y la estrecha certeza del vacío
latiendo en todas las cosas que tienen sangre.
 
Porque aquí no hay nada, no queda nada,
sólo una grieta
por la que se vierte todo el llanto del mundo.