Manipulaciones

A pesar de que se quieran vestir las ideas con palabras bonitas, ocultar su mensaje en una elaborada legalidad de sírvase usted mismo o proclamar mil veces una mentira hasta que esta tenga olores de verdad, las ideas acaban mostrando su cara limpia, el verdadero fin y motivo de su existencia.

Desde un comienzo, la denominada Ley de Partidos se esgrimió, principalmente, como el bastión que impediría que organizaciones terroristas como ETA pudieran llegar a tener una representación parlamentaria, salvaguardando de este modo la pureza de las instituciones democráticas. Aunque además de esto, encontrábamos también una polémica alusión a los nacionalismos que se quiso pasar por alto, ensalzando otras virtudes menos controvertidas y más demagogas. Así, fue firmada por los dos partidos de representación mayoritaria, PP y PSOE, despreciando el consenso que una ley de esa categoría merece, tildando al resto de fuerzas políticas como innecesarias, como prescindibles.

Fruto de dicha ley o cantera de votos y como justificación de su validez, se consiguió ilegalizar a HB. Pero no fue una ilegalización gratuita: HB se negaba a desvincularse de la violencia, continuaba con la ambigüedad de posiciones y se encontró bajo el peso de una demostración jurídica que la vinculaba directamente con ETA. Sin embargo, desde que se produjera esta ilegalización muchas cosas han cambiado.

Sería agotador y tedioso relatar detalladamente todas las actuaciones políticas que se han producido al respecto, por lo que obviaré hacer un inventario de las mismas. Lo que verdaderamente me importa es señalar como, poco a poco, se ha ido equiparando terrorismo a izquierda abertzale e incluso a cualquier tipo de nacionalismo centrífugo sin que nadie muestre el más mínimo asombro por ello ni la más mínima vergüenza u honradez al afirmarlo categóricamente. En este país se ha asociado la idea de peligro a cualquier nacionalismo no españolista, pero también la de ilegalidad y anticonstitucionalidad sin que pase absolutamente nada.

Consecuencias de estas ideas, quizás las más trágicas, las encontramos en una izquierda abertzale sin representación política, independientemente de que condene o no el terrorismo, de que haya o no pruebas fehacientes de su vinculación con ETA. Casos esperpénticos como el de ANV, en el que un baremo turbio decide qué listas se ilegalizan o cuáles pueden ser válidas. En definitiva, estamos frente a toda una corriente política sin partido que pueda hablar por los miles de votantes que tiene esa opción, agravando así la posición de los radicales y los moderados, conduciendo a todos a un callejón sin salida. Pero eso no es problema, porque está actuando la ley.

Otro caso lo encontramos en Nafarroa Bai, nuevo demonio nacionalista, pero con los mismos dientes −esos tan parecidos a los de ERC− dispuestos a despedazar la monolítica e intransigente concepción de España que se tiene desde el centro de la península. Por eso no es lícito negociar con ellos, sería una cesión, una derrota. Pero no pasa nada, porque se está jugando con el poder político.

Creo que es necesaria una ley de partidos, creo que en la democracia deben establecerse unos límites amplios, pero eficaces, con los que poder garantizarla sin violencia, chantajes o cualesquiera armas que se empuñen alejadas del diálogo. Pero en este ámbito no me valen leyes a medida, leyes sin consenso, leyes que quieran esconder tras su lenguaje jurídico ideas de un corte nada democrático o constitucional.

Es muy triste que en este país se sigua confundiendo legalidad con justicia, justicia con verdad y verdad con bueno.

Y Dios en todas partes.

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2 Respuestas a “Manipulaciones

  1. Leo, con sorpresa e indignación, en la página web de los terroristas de ANV el siguiente párrafo: “La izquierda abertzale ha tomado de nuevo la iniciativa política para reparar «el gravísimo daño» que, a su entender, se ha producido en estas «elecciones no democráticas», y ha puesto encima de la mesa del resto de partidos políticos el modo para superar sus consecuencias: acordar un pacto democrático entre todos los agentes con el compromiso de hacer respetar la voluntad popular expresada el pasado domingo en las urnas”

    La “voluntad popular” hace muchos años que dejó muy claro que los que sobran son los asesinos como ellos, hace muchos años que dejó claro que Navarra es una comunidad foral perteneciente al Reino de España, hace muchos años que la “voluntad popular” decidió que en España existe un régimen democrático.

    Los nazis también usaban palabras como las del párrafo mencionado, pero que necesitaban de una traducción de la lengua nazi a la del resto de los mortales, en este caso ocurre lo mismo: lo que quiere decir el párrafo es muy sencillo:
    “O nos dáis lo que exigimos o seguiremos matando”.
    Muy claro, aunque parece que este gobierno necesita un traducto nazi-cristiano, iremos preparando el diccionario.

    Carlos Menéndez
    http://www.creditomagazine.es

  2. No aceptar las discrepancias políticas de un partido democrático significa únicamente que no se es democrático. Cuando sin pruebas se les acusa a los integrantes de ese partido de terroristas por el mero hecho de tener una opinión distinta a la de los nacionalistas españolistas, es simplemente ser un mentiroso, un injurioso y un difamador. Ambas cosas juntas es un símbolo amplio de fascismo.

    La diferencia es que aquí pueden hablar todos.

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