Peligro: frustración

Evitémosles las frustraciones. Impidamos que nuestros hijos lleguen a sentir algún día su mordedura, su veneno de lágrimas o imposibilidad. Que nunca sepan que hay sueños para los que no existen alas, que no conciban nunca un mundo limitado a las posibilidades y las capacidades, porque con este paraguas de hormigón que llamamos amor toda ilusión puede acunarse sin el menor estremecimiento.

Satisfagámoslos hasta la gula, hasta el desprecio mismo por el sudor que lleva el precio de sus caprichos e inconsciencias, de sus berrinches y ventoleras. Que no se enteren nunca del esfuerzo y la cadena que llevan las monedas, de nuestras espaldas destrozadas o esas cuentas que no cuadran a fin de mes.

Que todo sea poco para ellos mientras manos y lengua puedan tejer este mundo fácil y agradable.

Cuando la realidad se imponga a los deseos, cuando sus pieles se hagan carne viva y por fin comprendan que la vida es un continuo naufragio, espero que encuentren un salvavidas.

* El amor nunca es susmisión a los deseos del otro. Así sólo se consigue cercenar el crecimiento, impedir la maduración, evitar la elección de caminos… Ese “amor” sólo lleva a crear niños-ombligo, personas incapaces de asumir la realidad, de vivir, a fin de cuentas.

** El ser humano debe aprender a conocer la imposibilidad, a definirse a partir de sus limitaciones y compensarlas con sus virtudes o dones. Debe aprender a valorar el esfuerzo propio, el ajeno. Conocer la realidad sórdida del mundo sin más engaños.

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