PP-SOE

Desde que se conocieron los resultados de las elecciones autonómicas en Navarra, era algo evidente que el nuevo gobierno debía estar constituido por una coalición de izquierdas formada por PSN, NaBai e IU. ¿Por qué? Porque el pueblo navarro en su mayoría votó por el cambio y, lo que es más, a lo largo del periodo de constitución las encuestas respaldaron esta opción de gobierno.

Es por eso que muchos no entendemos que el PSN se haya comportado a lo largo de este proceso de una forma tan ambigua y turbia, ora apostando firmemente por el cambio, ora horrorizado por el precio político del mismo, mostrando repentina preferencia por la conveniencia de un partido como UNP, definido política y éticamente a través de su asquerosa campaña electoral.

Desgraciadamente, este tipo de comportamiento no es nuevo en el PSOE. Ya nos tiene acostumbrados a estas actuaciones, sobre todo en el campo de los nacionalismos no españolistas que, al parecer, deben ser casi anticonstitucionales, como el derecho a la autodeterminación que recoge el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ya que, de lo contrario, no puede entenderse tan tajante aversión a las formaciones políticas con este ideario.

Sin embargo, sí es nueva la vergonzosa decisión tomada por el PSOE este fin de semana. Algunos aún creíamos que esa doctrina nacional no iba a exigirse en el ámbito autonómico y, menos aún, que la aceptasen sin rechistar. Y es que el PSOE es un partido con una estructura federal, por tanto fruto de la alianza de partidos independientes y autónomos articulados a través de un organismo central. Entonces, ¿qué sentido tiene dar órdenes desde Madrid más allá del ámbito de la estricta coordinación? Conocidísima es la independencia política del PSC, que a pesar de las presiones de la ejecutiva federal del PSOE ha sabido imponer su criterio y conocimiento de la sociedad catalana para velar por los intereses de ésta. ¿Por qué entonces el PSN adolece de esa independencia? Quizá Fernando Puras le deba un favor a Zapatero y por eso acate sus órdenes con silencio y con su trasero aún fijo en la presidencia de la ejecutiva navarra.

Y es que siempre se habló de pluralismo en la izquierda, de ideas y de respeto por las divergencias. Pero no, cada día más, el PSOE se empeña en diluir todas estas características para caer en una política amorfa. De hecho, parece encontrarse en la búsqueda del monolitismo, del centrismo o del españolismo del PP.

Señores del PSOE, dejen sus puestos a los verdaderos socialistas.

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