A corazón abierto

El amor ha sido siempre sangre rechazada, sangre que no encuentra salida y martillea el pecho y las sienes. Sangre que mancha y que no se sacia, sangre sin espejo en otra sangre. Inmiscible, aunque compartida con otras.

Hablar de amor es hablar de heridas, hablar de lo enterrado y de aquello que está floreciendo bajo la luz de una esperanza que se autofagocita a medida que la cotidianidad y la realidad se van imponiendo, de un sueño que crece tímidamente a pesar de la furia de la sombra. Hablar de amor es hablar de completitud, de colmo y alegría desbordada, de carne temblorosa y húmeda. Hablar de amor es susurrar con los dedos o los labios, apuñalar con la lengua y los ojos esa imposibiliad que envenena cada surco de nuestras cicatrices.

Pero yo no hablaré de amor, porque un corazón solo, no es corazón.

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