Fractura

Un mazazo de realidad que nos hunde: un simple rasgo de cotidianidad que, un día cualquiera, derrumba los cimientos de la aparente tranquilidad y nos obliga al colapso, a la fractura.

Y es que los tuétanos de la firmeza están minados por aquellas pequeñas cosas que roen en silencio todo andamio o simplicidad en el vivir. Entonces la soledad oprime como un yunque ciego y la única salida es el llanto sin hombro.

Puede que el dolor no vea más allá de la herida, pero el corazón debe recordar que no estamos solos.

(El futuro siempre está en la palabra)

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