Saber

Saber que las cosas no han cambiado a pesar de las distancias o los silencios.
Saber que las heridas o las grietas no son suficientes para derrumbar los anillos.

Saber que hay fuerzas más resistentes que la sombra y las cenizas.

Y aunque todo claudique ante la muerte,
saber que podemos apuñalarla con la memoria.

(A MIS AMIGOS)

La grieta

 
 
I
 
 
 
El cenit ahora en las espaladas
y en todo el plomo de mis lágrimas.
 
 
 
La nieve ha impuesto su ley de otoño:
el óxido en las manos y la oscuridad en la frente.
¡La nieve!¡La nieve!
Sí, esa sangre agotada de aliento,
sin cincel ni futuro,
sin venas ciegas o abiertas por donde derramarse.
¡La nieve!
Palabra muerta en la misma raíz de la luz.
¡La nieve!¡La nieve!
Y la Soledad.
 
 
 
II
 
 
 
Vencido el amor,
humillada la esperanza
bajo los colmillos de la cotidianidad,
no me resta más que el descendimiento.
 
 
 
Este es mi camino,
como vuestras las lágrimas que empuñais con los ojos,
como vuestro es el silencio en esta oscuridad de años.
 
 
 
(No podéis seguirme. No puedo acompañaros)
 
 
 
El hombre solísimo frente a su corazón,
cuarteado hasta la médula,
sólo grieta, grieta, grieta.
Y Llanto.
 
 
 
III
 
 
 
Toda la existencia reducida a una sola grieta,
aislamiento y lágrimas -fragilidad pura-,
símbolo y verdadero Verbo de los hombres.
 
 
 
Ya sólo un ataúd como bóveda del cielo
y la estrecha certeza del vacío
latiendo en todas las cosas que tienen sangre.
 
 
 
Porque aquí no hay nada, no queda nada,
sólo una grieta
por la que se vierte todo el llanto del mundo.
 
 

España, ¿fascista?

En las últimas semanas, a colación de la violencia callejera y su corte xenófobo, racista y, en general, fascista, ha surgido de forma generalizada un debate sobre los grupos ultraderechistas que existen en este país. Para sorpresa de todos no sólo encontramos que estos grupos no son tan minoritarios como se creían, sino que están amparados por la ley y campan a sus anchas sin que nadie haga nada al respecto.

Al parecer, en España, es posible realizar manifestaciones en contra de un grupo étnico, en contra de una elección sexual, a favor de movimientos totalitarios y violentos o a favor de dictadores sin que ninguna traba aparezca en el camino. Y da igual que se alienten sentimientos de rencor o ira hacia lo distinto, no importa que se alaben movimientos totalitarios que fueron la ruina mundial en el siglo XX; parce ser absolutamente correcto el reconocer la labor de un criminal, de un asesino, de un traidor como lo fue Franco o cualquiera de sus adlátares, perfectamente comprensible el permitir la apología de las ideas fascistas.

Personalmente, además de causarme estupor, de sobrecogerme el auge de estos movimientos de ultraderecha, siento una terrible sensación de asco ante la parálisis institucional, porque no aparenta ser una indolencia general, sino una dejadez calculada.

La apología del terrorismo es un delito ferozmente perseguido, cuya raíz inequívoca es un planteamiento de corte fascista travestido de una u otra ideología. Entonces ¿por qué no se prohiben las manifestaciones abiertamente fascistas? ¿Por qué no se persigue a sus militantes, a sus convocantes y a sus palmeros? ¿Por qué está demonizado ser nacionalista y en cambio es indiferente ser un fascista? Muchas preguntas y muy tristes las respuestas que se asoman tras de ellas. Y vergonzosas.

En particular, ¿nadie se ha preguntado por qué se prohibe una manifestación en favor de Carlos -muchacho asesinado en metro de Madrid a manos de un grupo de fascistas- y no una de grupos de ultraderecha? ¿Es que se está apoyando implícitamente el fascismo desde las instituciones? Hasta ahora, sólo silencio.

Triste es el panorama.

¿Por qué no te callas?

Quizá sea esta la frase que tuvo que aplicarse el rey, pero no supo contar hasta diez. Y es que el rey, a mi juicio, cometió varios errores al mismo tiempo.

El primero de todos ellos fue el entrar en el juego de Chavez, en la provocación que tan bien estaba capeando Zapatero. De aquí proviene el segundo y el tercer error: interrumpir a Zapatero que estaba en uso de la palabra y atacar a Chavez con sus mismas armas. El último estriba en sus propias palabras. Un jefe de estado no puede permitirse el lujo de hablar de forma despectiva a otro congénere en una cumbre donde existen moderadores que otorgan el turno de palabra, aunque esté mal administrado. Zapatero respetó las normas establecidas, se ciñió a la postura del dialogo y la firmeza, pero no cayó en los arrabales de lo vulgar, de lo totalitario, de lo colonialista. El rey no puede decir lo mismo.

Y desde aquí se aplaude la torpeza real, se enaltece el golpe de testosterona y se le agradece su defensa a España y a los españoles. ¿Es a caso entonces el ciudadano español tal que ante las provocaciones burdas, ante la incomodidad y la divergencia, responde de manera soez, irrespetuosa y arrogante?

Me gustaría pensar, por el contrario, que somos gente que ante este tipo de situación actuamos con respeto, con talante y, sin perder firmeza ni orgullo o dignidad, defendemos nuestras ideas sin negar las del contrario, sin imponer silencio.

Pero parece que el rey es como el papa, infalible, y tenemos una buena y servil corte  para que no le quepa duda de ello. En última instancia, nos queda el Tribunal Supremo para que no nos pasemos de la raya.

Sentencia sobre el 11M

Después de más de tres años desde el atentado y tras un largo proceso judicial que ha durado casi un año, ayer se hizo pública la sentencia sobre el atentado del 11M.

¿Se ha hecho justicia? Probablemente no, porque no hay condena ni acto humano posible que pueda resarcir el dolor de todos aquellos que sufrieron el atentado. Pero sí se ha cumplido escrupulosamente con la ley, respetando los derechos de los procesados y garantizando la transparencia durante todo el juicio. Y hoy día, con la psicosis del terrorismo yihadista que permite aberraciones antidemocráticas como la de Guantánamo o la pérdida de derechos civiles en EEUU o en Reino Unido, lo acaecido en España a propósito del 11M es un gran logro y ejemplo de cómo se deben hacer las cosas.

¿Qué se pretendía con este juicio? Esclarecer el nivel de participación de los acusados en el acto terrorista del 11M. Ni más ni menos. Todo lo que se quiera añadir son ganas de confundir, de intoxicar, de desprestigiar lo conseguido con este juicio.

En este proceso se ha juzgado a todos aquellos individuos que estaban bajo sospecha de participación en los atentados, para los que existían indicios de culpabilidad y a los que, a lo largo del juicio, se ha tratado de implicar o exculpar a través de la búsqueda de pruebas objetivas que lo confirmaran. Aquellos para los que se ha podido demostrar su culpabilidad han sido condenados, el resto ha quedado en libertad sin cargos.

¿Hay entonces libres algunos culpables? No, porque no ha habido pruebas que demuestren la culpabilidad de los procesados que han quedado libres de cargos. Entre ellos, aquellos etarras que se introdujeron con calzador en el juicio (lo que demuestra la desfachatez de la implicación de la banda ETA en el atentado y, por tanto, la completa autoría de céculas terroristas yihadistas) y El egipcio (por muchas elucubraciones e inferencias que llevaran a su implicación). Y es que, aunque a algunos les cueste reconocerlo, la única presunción existente es la de inocencia hasta que se demuestre lo contrario.

Hablar pues de responsables intelectuales que no han sido juzgados es absurdo, porque, efectivamente, este juicio no trataba de esclarecer esos hechos, sino los que más arriba se mencionan. Es por ello que todos deberíamos rogarle al PP y sus medios afines que dejaran de confundir, de mentir a la sociedad con descaro, de minar las estructuras democráticas.

Se ha cumplido por la ley y todos deberíamos estar contentos por ello. Pero parece que algunos quieren hacer de todo ruina, discrepancia.

La sentencia ha llegado, pero todavía no el rédito político.