La vida torcida

Despertar de lo cotidiano, apartarse de los quehaceres de hormiga domesticada para tomar conciencia de los actos, de las pequeñas huídas diarias con las que maquillamos los errores que nos han torcido la vida.

Sentir el peso del tiempo perdido, de la horas malgastadas en los perímetros, del empeño por engañarnos, por fabricar esperanzas de cartón que no soportan ni siquiera un atardecer.

Las huellas marcan la curvatura de nuestro ánimo, no el camino de vuelta. Porque el regreso no es posible con la piel marcada por el acero o la cicatriz.

Sólo nos queda ser honrados.

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