Victimismos

 No es fácil asumir que uno se ha equivocado, porque equivocarse supone una herida en el orgullo y, consecuentemente, un motivo para cambiar.

 La equivocación es la prueba objetiva de nuestra falibilidad frente a los demás, de la incapacidad circustancial o intrínseca para solucionar algo, de la constatación de nuestra imperfección. Porque aunque se conozca la verdad, ésta siempre duele más cuando sale fuera y levanta los brazos. Y no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse con todas las verdades.

 Pero con aceptar la realidad no basta, hay que intentar cambiarla o aceptarla sin ambajes, dejando las justificaciones y las tiritas a un lado. Si alguien no está dispuesto a cambiar, a crecer, a evolucionar, no sólo está carente de ambiciones y de futuro, sino que además está condenado a la soledad. Porque este es el camino de los soberbios.

 Y es que siempre es más fácil caer en el victimismo, echarle la culpa a los otros, creer que los demás son los que están equivocados.

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