Falta de coherencia

En base, nuestro sistema penitenciario no está orientado hacia el castigo, sino a la integración, a la reinserción social. Esto es un hecho, a pesar de que el sistema no encuentre ni la forma ni la financiación necesaria para hacerlo de forma digna y eficiente, real. Un hecho que es un principio de ley, nos guste o no.

Sin embargo, parece que esas leyes que componen el Impero de la Ley -pétreo e imperecedero- con el que tanto se llenan las bocas algunos, parece tomar una flexibilidad inusitada cuando se topa con el fenómeno del terrorismo. Entonces todos los parches y remiendos que se ofrecen para castigar, para reducir derechos y para hacer el sistema más injusto, son admitidas con una amplia sonrisa en la boca.

Y es que las leyes ad hoc son la evidencia de un sistema profundamente contradictorio. Si todos somos iguales, tal y comó indica la constitución, ¿por qué se crean burbujas legales para contentar aquello que nos piden las entrañas en lugar de ser coherentes con la ley que hemos creado?

El último caso lo encontramos en De Juana Chaos. Todos sabemos quién es esta persona, también lo que se merece. Pero todos hemos aceptado jugar con unas reglas que se aplican a todos por igual, con independencia de los contextos que nos rodeen. Y debemos respetarlas. Así pues, no podemos pretender ahora que se margine a este exterrorista, en particular, impidiéndole vivir donde le plazca, a pesar del daño emocional que pueda causarle a las víctimas que vivan en sus cercanías, porque este hombre ha pagado su deuda con la sociedad, nos guste o no. Recupera la libertad -aplazada desesperada e injustamente-, nos guste o no, y tener libertad significa poder hacer lo que uno quiera dentro de los márgenes que marca la ley.

Basta ya de hacer leyes de última hora para contentar a la opinión pública. Seamos coherentes, aunque eso sea pedirle a este país demasiado.

Raíces en el aire

Somos como los árboles, nadie sabe lo que crecemos por dentro. Todos buscan la copa ancha y la flor efímera.

(Sólo importa aquello que puede asirse, la ceniza aplazada. Lo que desborde la palma de una mano o haga llorar a los ojos, es sólo refugio para los mediocres)

Como los árboles, olvidados en invierno, cuando las ramas parecen raíces en el aire.