Objeción de qué

Que los sectores más conservadores y reaccionarios de este país estén en continua contradicción con las leyes no es algo nuevo, las quieren aplicar a gusto del consumidor, a su gusto. Como prueba de ello, la feroz lucha que ha existido en el Consejo General de Poder Judicial (CGPJ). Sin embargo, la organización para dinamitar o entorpecer las leyes desde las propias instituciones, es algo tan nuevo como preocupante.

Creo que en una sociedad democrática es muy sano el debate abierto frente a cualquier tipo de cuestión que inquiete a un sector determinado de la sociedad, ya que de estos no sólo se aprende dónde se encuentran los límites del otro, sino que se pueden llegar a consensos que satisfagan de alguna forma a cada una de las partes. Y para ello hacen falta manifestaciones, polémicas sociales, tensiones políticas…

Sin embargo, en este país, el desacuerdo siempre se ha vivido de forma violenta, particularmente en la derecha. Y claro, no estar de acuerdo y luchar por lo que uno cree es una cosa e impedir que el sistema funcione correctamente porque no está fundamentado en lo que yo creo es otra bien distinta. Parece que olvidamos que estamos en un estado de derecho en el que las leyes pueden cambiarse, sí, pero siguiendo los cauces establecidos, siempre cumpliendo con ellas. Pero el PP parece ajeno a tales mandatos que tan estrictamente exige a los demás.

Estas políticas maniqueístas no traen nunca nada bueno, sobre todo cuando la soberbia política quiere ser maquillada con principios ético-religiosos. Entonces, además de mala política, es vergonzosa.

Las leyes han de cumplirse, independientemente de las creencias que se tengan. ¿O tenemos que exculpar a un psicópata porque según su falta de conciencia no hay nada malo en asesinar personas? ¿Debemos dejar en libertad a dictadores y adlátares porque según su ética hicieron lo mejor para sus paises u organizaciones? ¿Depende el Imperio de la Ley, con el que algunos se llenan  tanto a boca, de la ética particular del individuo o de un grupo determinado? ¿O hacemos un menú de leyes del que picotear lo que más nos satisfaga? Seamos serios.

Todo el mundo tiene derecho a la libertad religiosa y de expresión, pero no a imponer sus criterios como panacea o última palabra, menos aún, como ley de piedra. Así pues, objeción de qué.