La diferencia

El tiempo pasa entre lo rutinario de las obligaciones y lo laberíntico de las lágrimas. Pasa cerrando ataúdes y abriendo los vientres, rompiendo grilletes o anunciando una luz ambigua. El tiempo pasa, y de repente, miras alrededor: la vida no es lo que se suponía que debía ser, no estás donde pensabas estar. Aprendes entonces que el futuro es siempre incierto, aunque las vidas de la mayoría aparenten la tranquilidad de los roles asumidos y las ilusiones programadas.

Entonces te preguntas, mirándote a las manos, cuál es la diferencia, y acabas entendiendola. Piensas en la pareja, en el trabajo, en el matrimonio, en la casa, en los hijos, en todas y cada una de las cosas que nos obligamos y obligan a hacer, aquellas cosas que creemos tienen valor, que son nuestra medida.

Vuelves a mirar tus manos. Sabes que no significa nada, pero sigue doliéndote verlas vacías.

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