[En frente unos ojos vacíos]

En frente unos ojos vacíos,

la terrible presencia de la luz

sin una sombra que hable de un cuerpo o gacela.

Ojos limpios,

con el corazón en otras bocas,

con el ansia atada a los muslos sin nombre.

De un blanco impenetrable,

olvido o sistema de palabras

que evitan el reflejo y el contacto de las manos.

.

Imposibles.

.

(Los ojos del mundo en otros ojos,

los míos, castigados al aire)

Trigonometría básica de las emociones

Es duro actuar con escuadra y compás en las manos, ponerle bozal al corazón y púlpito a las sienes.

Es triste cubrir con tierra las palabras que llegan a la garganta, torcer o amputar aquellos gestos para los que no hemos encontrado palabras ni salidas.

Cadenas o cálculos que terminan automatizándose, trivializándose, olvidando sus raíces.

Y es que tenemos aprender que hay cosas que debemos evitar antes de rompernos y observar cómo nos hemos podrido por dentro.

Dejar hacer

Parafraseando a Nietzsche, cuando miramos demasiado el abismo, éste termina mirando dentro de nosotros. Quizá sea éste el problema de Israel, el problema de un pueblo que existe obsesionado por una manía persecutoria siempre culminada y sustentada en el Holocausto, bajo la paranoia de una amenaza permanente en cualquier vecino o eco distinto al suyo. Una gente que lo ha olvidado todo, salvo un sufrimiento que manipula como escudo o espada para satisfacer sus propósitos y delirios.

Es curioso cómo un país que defiende su existencia, necesite hacerlo en base al extermino de otro. Es irónico como el sufrimiento padecido por sus muertos quieren recrearlo ahora en los de otros. Y es que los pueblos son como los hombres, cuanto más sufren más indiferentes se vuelven al sufrimiento ajeno.

Triste moraleja.

Lo peor de todo, la parálisis internacional que los refuerza con su vergonzoso silencio, que se humilla y nos avergüenza haciendo oídos sordos a lo que sus gentes les pedimos: el fin de un genocidio del que no queremos formar parte con la indiferencia de unas palabras que no paran las bombas ni el goteo de niños muertos, que no detienen los tanques ni la sangre que ya rebosa por la tierra.

Porque en el fondo, no sólo son culpables aquellos que hacen, sino también los que dejan hacer.

Paréntesis

No hay nada para mí en esta tierra,
el tiempo lo ha cincelado en todas las cosas.

Llegará el día en que mis manos terminen
el sueño o la tumba de mi juventud,
día de dedos como raíces o lágrimas,
tal vez día de diamantes y delfines en el pecho.

Será entonces todo perfil o antojo del olvido.

Ttan sólo tendré un quizá preñado de esperanzas
sin un horizonte fiel o certeza.

De nada servirán los galones o las coronas.

Me quedaré con los brazos rotos por el óxido,
con el corazón gris de pensamiento y ojo ciego,
tan sólo con lo que me pertenece:
el dolor, la soledad y el vacío.