Atrás

Quise salvarte de esta indiferencia ahora perenne,

del olvido que todo lo devora,

pero ya te encuentras deshilachado, roto.

.

(No encuentro razones que te sostengan)

.

Ahora es tarde:

demasiado silencio en mis ojos agolpado

y un exceso de hielo o piedra

que me impide ver tus lágrimas.

.

Es tarde por completo,

ya no puedo verte.

.

.

(Te has quedado atrás)

Sin título

Los días son un atardecer continuo donde nada culmina. Las ventanas están ciegas y el mañana, destejido por la sombra. No hay más camino que el de vuelta.

He fracasado.

No importa nada de lo que he hecho. Ante mí, la terrible lápida del perpetuo intento, la raíz desnuda de lo yermo. Nada.

(Otra vez nada)

Pero los ojos están muertos. Es la hora de las manos y ellas sólo entienden de clavos. Y estas llevan demasiado tiempo ancladas a la misma cruz.

Fin del primer acto.

Piedras rotas

¡Qué fortaleza,

qué seguridad,

qué templanza!

.

Es sólo un espejismo de la plenitud,

una máscara trasparente

colmada de toda la ceguera del orgullo.

Es sólo pedestal y soberbia.

.

Cuando todo se acaba,

amanece la verdad y el rostro:

sólo piedras partidas,

nada de marfil ni cielo o amor.

Capacidad para decidir

Siempre me resultó llamativo el hecho de que la religión que más niega la vida, el cristianismo, haya sido la que haya defendido más férreamente el derecho a ella.

Está claro que cada cual puede defender la idea que quiera mientras que ésta esté basada en la razón y el respeto, mientras que se defienda bajo los mismos supuestos. Sin embargo, como es usual, la Iglesia cree poseer el exclusivo derecho a imponer sus conceptos morales y hacerlos ley, castigar y eliminar la discrepancia sin importar el precio que haya que pagar por ello.

El caso de Eluana no es una excepción a esta regla.

Hablan de aberración, de crimen, de barbaridad. Y uno piensa en qué cerradas tenían las bocas cuando el fascismo hacía masacres en las que ellos colaboraban y de las que se beneficiaban, uno piensa en las matanzas que han abanderado y en todo el dolor del que han sido fuente. Uno recuerda la impunidad de la que gozan y el hacha con la que siguen juzgando.

(Y después Occidente se horroriza ante el fundamentalismo islámico. Pero claro, si nosotros permitimos la incursión de la religión en la vida política quedamos exentos porque para algo somos el primer mundo)

Estos señores y señoras -sí, porque ellas con su silencio, sumisión y autodesprecio también son cómplices- no acaban de entender que nadie puede arrebatar uno de los derechos fundamentales que definen al ser humano: su derecho de elección, su capacidad para decidir.

Elegir nunca es fácil, no lo es en lo cotidiano y ni mucho menos en la opción por la muerte. Cuando se decide tomar ese camino, puede o no compartirse, pero siempre ha de respetarse. Y esto es válido tanto para quienes lo eligen cuando todavía están en plenas facultades, como para aquellos familiares o amigos que eligen por sus seres queridos. Porque si alguien tiene que elegir por mí, ¿quién mejor que aquellos que mejor me conocen?

Además, ¿quién de nosotros querría hacer sufrir a los que queremos con una larguísima enfermedad incurable y degenerativa a sabiendas de la pérdida de toda dignidad y calidad de vida propia y ajena? ¿Quién de nosotros llama vida a realizar las funciones básicas del organismo sin conciencia de nosotros mismos? ¿Quién llama vida a estar conectados a máquinas sin esperanza de recuperación?

Tenemos derecho a elegir, para bien o para mal, y no podemos ser castrados por las ideas morales de un conjunto de la sociedad, sea cual sea. Porque al igual que nadie supervisa el rumbo de nuestra vida, los millones de decisiones que tomamos sin conocer el resultado, nadie debería decidir sobre la última de nuestras decisiones, cuyo fin conocemos perfectamente.

Ninguno de nosotros pidió venir, tenemos derecho a irnos cuando nos plazca.

Eluana lleva al margen de todo hace muchos años, pero no sus familiares, embarrados en el dolor y procesos legales durante una larga década. Espero que llegue el descanso para todos, y la esperanza. Nos lo merecemos.

Horizonte

(El horizonte no está a 5 kilómetros de distancia
porque en mi corazón no funciona la geometría)

Si el mañana fuera un parto
de sangre en el cielo derramada,
yo tendría mortajas suficientes
para hacer grande a cualquier muerto.
Pero el día no tiene caderas
para esta esperanza sin nombre,
sólo un adiós preñado de olvido
y exceso de tierra.

Puede que el plomo de mis manos
haya cortado tanto mis ojos
que la luz sea un imposible doble
donde mi amor se despeña sin remedio.
Pero, ¿quién puede negar
la sombra de estos años?
¿Quién todo el fracaso
y la derrota que me han cincelado?
¿Quién esta soledad o silencio?

Demasiadas lágrimas,
siempre demasiadas lágrimas.