El debate equivocado

En los últimas días estamos asistiendo a los primeros pasos hacia el mayor cambio de sistema de Estado tras el acometido después de la Segunda Guerra Mundial. La Gran Crisis nos ha forzado a ello. Ésta nos ha enseñado que el modelo de estado actual no puede sostenerse, que hemos vivido durante demasiado tiempo por encima de nuestras posibilidades. El Estado de Bienestar ha fracasado y Europa se derrumba…

En otras palabras, esta es la la versión oficial: la crisis financiera ha sido sólo un síntoma de una profunda crisis de modelo de estado. Aliviado el síntoma (planes de salvamento económico), toca erradicar el problema desde la raíz (estado de bienestar).

Pero ese es sólo un debate equivocado. Equivocado y perverso. La crisis financiera no ha sido síntoma de un modelo de estado, sino de un modelo de economía destinado al colapso, una vez más pospuesto a costa del erario público y de la pérdida de derechos. El problema consiste, simple y llanamente, en permitir la existencia de un sistema económico que sólo beneficia a una minoría que nunca pierde: acumula los beneficios y hace responsable de sus pérdidas a los estados.

El debate no está en cuánto estamos dispuestos a perder para que el sistema económico se perpetue, en qué fallos hemos cometido para agravar la situación (porque sin duda los estados no están exentos de responsabilidades). El corazón del problema reside en nuestra permisividad con unos dirigentes políticos que anteponen el bienestar de unos pocos a costa del sufrimiento de la mayoría. ¿Cúando vamos a decir basta?

Estar de sobra

Qué bonitas son las palabras cuando se habla de soledad a soledad y qué muerte más perfecta encuentran cuando las lágrimas se acomodan en otro corazón. Como una lluvia inconsciente, el amor borra toda huella posible y la confunde con las muescas de la propia carne. La realidad es un dos: de los demás, ya no queda nada.

Somos muletas abandonadas, estamos de sobra.

Consintiendo la masacre

Una vez más, la ONU ha vuelto a retratarse. No ha importado que el ejército de Israel cometiera un abordaje en aguas internacionales o que fuera un ataque brutal contra civiles. No ha importado las detenciones ilegales, ni el corte de las comunicaciones, la opaciodad informativa ni los grotescos montajes que quieren justificar la masacre. Nada. En contra de los derechos humanos, de las leyes internacionales y de todo aquello que le venga en gana, Israel sigue siendo Israel. Y la ONU sigue consintiéndoselo, sigue dando asco.

Y después querrán que los demás acepten las reglas del juego.