Amordazados

El sistema está viciado. No cabe esperanza de cambio donde no hay raíz democrática. Porque ahora el poder emana de los mercados, el pueblo es su esclavo y la clase política sus azotadores.

Es necesaria una regeneración política, y no sólo un cambio generacional en los partidos. La salida no debe enmarcarse en el miedo a una alternancia política programada, a la resignación de asumir un sistema corrupto desde la tranquilidad de una posición acomodada. Si se acepta esta continuidad, ¿qué ocurrirá cuando las voces satisfechas e indiferentes pierdan su posición privilegiada y pasen a ser parte de la masa o esclavos?

Los partidos que hasta ahora han aparecido han mostrado su incapacidad de hacer política: sordera al clamor popular que exige la redacción de nuevas leyes, al amparo de nuevas sensibilidades, a la valentía de dar un salto hacia delante en la libertad y responsabilidad de todos. Las buenas intenciones no bastan, los gestos no son justicia  y las necesidades del pueblo siguen sin satisfacerse en aras del demonio de turno. Los políticos de este país se han restringido a medir la redondez de sus ombligos después de blindar sus privilegios con leyes que que abocan al fracaso todo aquello que no esté ya establecido.

¿Cómo luchar contra este sistema?

Nuevas alternativas en el panorama político sería lo deseable, pero, ¿son realmente una alternativa? Con el actual sistema electoral no. ¿Y por qué no huir del sistema y regenerarlo desde la base? La ingenuidad nunca nos llevó demasiado lejos.

No sé cuál es la respuesta. Pero no podemos rendirnos.

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