Bucle

I

Las alas que lloran por manos o cimientos

buscan un ataúd de cielo

prohibido por el peso de la sangre.

.

(El mundo es más sencillo sin las raíces

impuestas en la infancia)

 

II

Después del derrumbe y las heridas,

detrás del falso bronce que nos levanta

y el nuevo cristal donde se perfila el horizonte,

la apolínea realidad: nada.

 

(Las lágrimas abren el camino,

pero las cicatrices encogen el corazón)

 

III

El orgullo de unas nuevas alas

acerca la carne a los sueños,

ahogando los recuerdos de la caída

con la miel efímera de la satisfacción.

 

(Y las cenizas volverán a morderlo todo.

La esperanza como escape o vida)

[El mundo sólo quiere…]

El mundo sólo quiere oír un murmullo,
un trozo más de ruido, voz dormida.
Busca el óxido o el musgo que cosen las gargantas,
señala el horizonte equivocado
donde mueren las manos y nacen los escaparates.

Por todos es sabido:
los ojos de los peces no descansan,
pero qué bocas tan inútiles,
nuevas o silencio.

El mundo quiere que seamos peces,
sin riendas, sólo al capricho del mar o la moneda.

Pero todos piden un anzuelo,
todos pagan por verse colgados de los labios.
Ignoran, olvidaron,
que el hombre no es pez,
que la voz es el arma
y el puño el escudo.