[Tu voz de acordeón cansado]

Tu voz de acordeón cansado

-¿cómo pudo perderse

aquel rumor de espuma

que amenazó el acero

perfecto de los relojes?-

es sólo un molesto ruido

ya ignorado por las veletas.

 

Porque la razón es innecesaria

cuando desemboca en las cuchillas,

porque los moldes que fija el miedo

son la realidad última, imposible,

que nos separan a unos y otros.

 

La suerte siempre fue una llave inglesa

que te rompió las manos en la cercanía del fruto

o te exprimió los ojos con la mañana.

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