No

No buscáis una explicación para comprender al otro, para entablar diálogo o fijar el camino del perdón. Buscáis sólo las palabras exactas que sepan arrodillarse ante vuestro orgullo, aquellas que defiendan vuestros errores y os limpien de toda sangre, el verbo inocuo de la inocencia como lanza perfecta que humille al de enfrente.

Es el mismo círculo trazado una y otra vez, la fértil corona de donde sólo mana el silencio.

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