Hasta siempre

Siento los cimientos al aire

y todo el hielo del mundo

sería un verano a la sombra de tus besos,

pero no hay más sol

que aquel arropado por las palabras,

luego la escarcha es el mañana

y tu piel, el horizonte.

.

No importa el futuro

cuando nos espera la tierra seca

y el insomnio o las lechuzas

marcan un amanecer de lágrimas

sin corazón para nuestro luto.

.

Adiós,

con los labios cargados de caricias

y las manos cansadas de besos.

Adiós,

en el día más dorado

y la raíz destrenzada de cariño.

Adiós,

sin culpa ni rencor.

.

Hasta siempre.

Qué, cómo, dónde y cuándo

     Esta entrada nace a raíz de la siguiente grabación realizada por un oyente de la radio gallega:

http://www.youtube.com/watch?v=dDWf7BXcHl8&feature=share

     No creo que esta mujer quisiera exponer una queja, sino crear una discusión pública sobre el uso de las lenguas estatales en el territorio gallego. Y lo consigue por la alta sensibilidad que posee el tema.

     A mi juicio, es penoso que a estas alturas de la historia todavía permanezca la visión del españolismo colonial en el que subyace una idea fundamental: la superioridad cultural del conquistador. De esta pretendida supremacía se deriva la idea de un respeto por el dominador (servilismo) a partir del cual se imponen sus gustos, en particular los lingüísticos. También nace una falsa magnanimidad, que trata de justificar la opresión cultural, cuando el conquistador permite el uso privado de la lengua materna entre los conquistados, pero no la tolera en actos públicos o en su presencia a la espera de su extinción.

     Esta idea, ni mucho menos exclusiva del españolismo, se perpetua incluso en los territorios dominados cuya lengua materna desapareció, a los que se menosprecia por la aparición de dialectos (típicamente el andaluz), signo para el españolista de la degeneración del idioma de la raza, prueba fehaciente de la inferioridad de otros pueblos frente al suyo.

     Por otro lado, los pueblos no conquistados quedan reconocidos (que no respetados), tolerándose sus gustos culturales. Nace así otro hito de grandeza fingida: el aprendizaje y uso de otras lenguas distintas a la materna, lo que apuntala la imagen del conquistador culto y misericordioso. Este hecho trata de ocultar dos sentimientos: la impotencia de un pueblo frente a otro (no dominado) en una jerarquía global y el desprecio sin careta a otros pueblos (dominados) en el organigrama local.


     Todo esto evidencia una visión parcial y excluyente del país, un desprecio a su legado plurinacional y riqueza. Es cierto que todo punto de vista amputa una parte de la realidad, pero cuando este es totalitario, monolítico e irrefutable, aparece la ruina, el dolor y la desgracia.

       El problema nunca estuvo en quién habla qué, sino en quienes le dicen qué, cómo, dónde y cuándo deben de hablar. No necesitamos más fascismos.