La respuesta a la crisis

¿Cuál es la respuesta que queremos dar los españoles a la crisis política, institucional e ideológica en la que vivimos? ¿Realmente pensamos que la queja, el desprecio y el insulto son la salida? ¿Qué es lo que queremos más allá de la ira o la indignación descabezada, de  la necesidad visceral de venganza? Tenemos la razón, pero no la tesis.

El desengaño no puede justificarlo todo. Tan inútil es el brote de violencia que no tiene un eco más allá de la portada de un periódico, como la pasividad o la indiferencia apolítica y descerebrada.

Debemos de construir la respuesta, pensar en ella, marcar una hoja de ruta con los pasos a seguir y anclar el objetivo. No tengo la solución, pero no me cabe duda que es política y no partidista, que se encuentra fuera de este sistema y que todo lo que hemos hecho hasta ahora sólo está encaminado a perpetuarlo.

Dejemos la rabia y tomemos el pensamiento. Tenemos la razón, luchemos por la tesis.

Frivolidad y cinismo

Frivolidad y cinismo comparten la misma raíz: el egoísmo. Los frívolos desprecian todo tipo de valores por considerarlos obscenos, los cínicos plantean la duda sobre los valores ajenos en base al daño que han recibido por el desprecio de los suyos. El frívolo es superficial, infantil, primario y cíclico. El cínico es oscuro, retorcido, sublimado, lineal. Ambos son formas de enfrentarse a un mundo tan hipócrita y falso como nauseabundo. Lo único que salva al cínico es la sinceridad…

¿Quién quiere vivir entre los seres humanos?

Llegar tarde

I

El reloj es el juez,

aquel que marca el cenit para el bronce

o nos deja de madera

con sueños y carne incumplidos.

II

Sólo un horizonte limpio de cima

espera a aquellos que se torcieron

en la prórroga de las lágrimas,

aquellos del silicio en la sangre

que no supieron que las horas desgastadas

eran semillas para páramos y sombras.

III

Ahora que al otro lado del espejo

se caen las alas de la sienes

y el escombro se hace rutina,

ahora que no queda más corona

que aquella que menos merecemos,

el olvido reclama su préstamo.

IV

Y aunque no todo puede ser desesperanza

hay renuncias que no llevan al futuro,

porque en el día a día de lo improbable

sólo se sobrevive, se lucha y se pierde.