Llegar tarde

I

El reloj es el juez,

aquel que marca el cenit para el bronce

o nos deja de madera

con sueños y carne incumplidos.

II

Sólo un horizonte limpio de cima

espera a aquellos que se torcieron

en la prórroga de las lágrimas,

aquellos del silicio en la sangre

que no supieron que las horas desgastadas

eran semillas para páramos y sombras.

III

Ahora que al otro lado del espejo

se caen las alas de la sienes

y el escombro se hace rutina,

ahora que no queda más corona

que aquella que menos merecemos,

el olvido reclama su préstamo.

IV

Y aunque no todo puede ser desesperanza

hay renuncias que no llevan al futuro,

porque en el día a día de lo improbable

sólo se sobrevive, se lucha y se pierde.

 

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