No volveré a perder solo

I

No volveré a perder solo,

a cruzar los brazos y el corazón

sin esperanza.

Porque no hay derrota digna sin memoria

o verdad donde sostener las lágrimas.

 

II

Podéis negar esos trozos de mi vida manchados de sangre,

aquellos ricos en musgos y alas rotas,

los que ordeñaron deprisa mis ojos

e izaron la cruz en todo horizonte.

Podéis burlaros del vacío de mis manos,

de esta hemorragia o soledad

con la que fue a dar mi corazón en cada entrega,

destrozar hasta la última columna

de las ilusiones que sostienen mi mundo.

 

Callaré,

porque el silencio es una niebla

preñada de cuchillos dóciles,

la belleza terrible que abraza

el parto de todas las guerras.

 

III

Yo os daré la desesperanza,

la pérdida,

un futuro o festín de hormigas

limpio de mi sombra,

el ferviente deseo del rencor

que siempre busca multiplicar

las heridas pendientes de una respuesta.

 

No volveré a perder solo,

aunque mi triste victoria sea

vuestras lágrimas como consuelo.

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