Escaparates

Cambiar una mentira por otra. Esta es la máxima para la supervivencia, el pedestal desde el que se alza la incapacidad de aceptar el mundo y las heridas con la que este nos cincela. Es la negación de la ruina, la perpetua huida hacia una belleza que lejos de consolar resulta patética.

Creemos que la mentira nos limpia o restaña, que aleja el dolor y acerca la esperanza al horizonte. Pensamos que existe un camino para regresar al corazón tierno o a la superficie pulida, que todos los callejones ciegos quedarán abiertos al mar cuando cambiemos los ojos. Pero la vida arranca carne y deja cojos a los sueños. No hay mayor tristeza que la de una máscara partida, la de una cenicienta a deshora que sigue luciendo sus harapos como tules y sedas.

Nos pasamos la vida arreglando un escaparate que disimule los escombros o vértebras que sostienen nuestra realidad, tratando de olvidar que la pérdida siempre es mayor que el amor. Sigamos adelante, mañana el recuerdo y el engaño serán eco de nuestra esperanza, sin importar lo que verdaderamente pasó.

Acotación: La negación lleva a la renuncia, pero ¿por qué renunciar a aquello que además de herida es brújula? Por miedo. Ganamos y perdemos por miedo. Pero el orgullo lo llama coraje en la victoria, destino en la derrota.

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