Summertime

El sol, amortiguado detrás de unas hojas de parra que derraman su sombra sobre el cuerpo todavía húmedo y suspirado, frescor perlado de luz y berilio donde el tiempo adormece y se estanca: en el murmullo del agua que lame la piedra, en la brisa que eriza la piel, en la hierba que abraza la siesta mientras se diluye el canto ardiente de las chicharras.

Oscuridad y párpado, llanura muda. Ser.

Estar.

Homenaje (Lealtad)

A Eva y Almudena

I (Recuerdo)

El pasado dio forma al perfil de nuestro nombre: días de vértigo y hemorragia en los que aprendimos que la intensidad se mide en los intersticios de lo cotidiano, no en la cima del grito o el espejo de la noche; que la franqueza asegura reencuentros, pero la palabra dócil, sólo un ajedrez de café y mentira.

Trenzamos la vida con la sangre, la sangre con la luz, y sin darnos cuenta, compartimos verbo o mañana, el mismo triángulo invertido en las sienes.

II (Ese día)

Y ese día, cenit de amor, horizonte de luz al que disteis alcance, ese día de cielo y anillo, azul perfecto, no pude estar con vosotras. Me pesa la distancia o la herida: construcción de monedas y malas decisiones que dejan mis brazos desnudos de vuestros cuerpos y los ojos, vacíos de esa sonrisa que habla del esfuerzo y la plenitud conquistada. Porque ese día, circular en vuestros corazones, también es una espina de sombra en el mío.

Pero si el recuerdo no perdona, justicia del tiempo que ordeñamos juntos, sólo queda el rencor y los escombros, nada.

III (Rondó)

Todos perdimos sueños y continuamos el camino sin muletas, abandonados en los cimientos del dolor, solos. Algunos encontramos manos que supieron sostener nuestras alas, aliento o pulso que dio nueva brújula al camino, esperanza. Pero nosotros, años y distancia, silencio y destino, ganamos mucho más: la amistad o la vida.

Llegará un día en el que nos digamos hasta luego y no volvamos a vernos: el olvido arrasará las caricias o abrazos que nos dimos, cada susurro o mirada cómplice, toda huella o eco de nosotros. No quedará nada, a penas las calles que nos vieron felices, las cenizas o el viento. No quedará nada, pero habremos vencido: la muerte se irá con las manos vacías, porque nos habremos dado todo.