Perdido

I (Apóstol)

Quisiste ser salvado. Buscabas esa mano firme llena de labios y respuestas, de caricias y olvido, de paz. Pero solo querías una cama para esconderte, un sorbo de plenitud en el cuerpo del otro para evitar el vacío, una nueva fe o monolito que dejara sin voz a la duda. Querías sólo la mitad que ríe, los besos sin despedida.

Nadie te salvó. Demasiadas heridas para que los abrazos echaran raíz, demasiadas prisas por darle cimientos al cielo, demasiado peso o tijeras para unas alas.

II (Mesías)

Quisiste haber salvado. Buscabas ser la brújula o la esperanza, el hombro tierno que se opone al precipicio, el futuro. Pero solo querías un pedestal para darle sentido a la zozobra, el perdón que corona al humilde, el valor de tu existencia. Querías la sombra de la cruz a cambio de unas lágrimas que te limpiaran de tierra y abandono.

No salvaste a nadie. Demasiado dolor temblando en los labios, demasiados miedos bajo la almohada, demasiada derrota pudriendo los acantos.

III (Perdido)

Dejaste los túneles del viento y empezaste a vivir. Desnudo, como nuevo, recién olvidado. Con un violín tras los ojos y el silencio vertical de los cipreses. Agrietado, con la libertad en el recuerdo y la promesa del alba.

Hacia delante, porque nunca importó el camino, sino la piedra en la que tropezarse.

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Memories and peace

Tratas de explicarte, de entender los errores que arrancan la sangre. No importa si quieres borrar el amor para evitar la visión de esas grietas que te definen o para dar nombre a las heridas por las que respiras, si quieres enfrentarte al hueco de tus sombras o construir un paisaje cubista donde nada funciona salvo la comodidad de tu corazón. Tratas de buscar una historia que responda a los suspiros, a las lágrimas y encajas en ella los recuerdos para cimentar eso a lo que llamas memoria. Pero el pasado no es como lo recuerdas, sino como te avergonzó contemplarlo.

Creíste que el tiempo y el silencio terminarían por hacerte olvidar que esta realidad es el retorcido puzle o trinchera que encontraste para  tener esperanza. Ahora que el mundo se cuartea por una esquina, descubres que el dolor se trenzó con el miedo, que no hubo elección o arrepentimiento, sólo supervivencia. El mundo no es más agradable porque te amoldaste a él, sino porque es más reflejo de tu corazón, luego más oscuro y estrecho: vientre o mentira.

Te esfuerzas por detener la hemorragia de interrogaciones que como hoces descabezan tus nocturnos. Buscas una nueva historia, un silencio recién hecho, un olvido conveniente. Pero volverás a la raíz de la espiral sin importar el camino.

Ser consciente de tus mentiras no te hace mejor ni a ti ni a tu mundo, respetar las de los demás al menos te traería la paz.