Tres reflexiones heurísticamente entrelazadas

Qué poco de tí queda ya en mí.

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I – Un golpe de suerte

No quiero ni una victoria más

solidaria a esta espiral de ruinas

en la que ningún pequeño gesto

defiende la monotonía del combate.

Ninguna alegría postergada

que llegue caduca y grotesca

cuando la derrota iza la rabia

y somete los paisajes a grilletes.

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Quiero un taladro de sangre,

un naufragio de olvido

distinto a este vientre o círculo,

seco de ahoras y podrido de quizás.

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II – La mentira del éxito

La felicidad anida en las aristas

de las cosas que hemos levantado,

no en ese el horizonte viejo y torcido

bajo el que descansan los huesos

de todos los sueños o delfines.

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Allí donde fracasa la voluntad

echa raíz la esperanza

y las cenizas se atrincheran

en el último futuro posible,

porque cuando terminas de odiar a las cosas

confudes el silencio con la paz.

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III – Agotar el camnino

Y ahora que aún puedo

levantarme sobre las palabras,

ahora que todavía

la tierra pesa menos que el asco,

vuelvo a descoserme la boca y los dientes.

Porque mentir o callar

es seguir plantando ceros,

la huída que amordaza a la razón,

que entierra las grietas

y ennoblece a los cobardes.

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En esta patética multitud

−de dos en dos, pero impar−

no hay eco o amenaza de mujer,

solo el gris retrato de la muerte.