Memoria o construcción

Nadie se acuerda de aquellas lágrimas, porque de quien pierde sólo se recuerda el odio, no la justicia.

La historia del vencedor termina con una medalla, con la mentira de la muerte que no llega. La del vencido empieza en esa ruina, en la humillación. Pero nadie quiere escuchar palabras manchadas de sangre, aunque tengan una verdad que consuele o dignifique. Lo único que cuenta es la belleza, la moraleja que señala al otro; lo demás es un murmullo, olvido. Por eso hay tan pocas historias, por eso, la mayoría se pudren con la carne y el recuerdo.

Las heridas construyen una memoria que derrumba hechos o simetrías, mitos que adormecen las almohadas y permiten colmarlas de un futuro llano, ajardinado. Porque la comodidad es la raíz, la razón, sólo una excusa.

Y el miedo, orquestando los engranajes.

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