Desagüe

 

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Fueron amigos, ahora recuerdo.
Fueron sueños, ahora vergüenza.

 

La vida se deshilacha frente a la indiferencia de unos ojos que también serán ordeñados. Y esas manos que un día fueron brújula, se van por el desagüe, arrastrando todas las esperanzas que se dejaron atadas a las promesas.

Aquí termina la herida, pero no mi camino. Vivir es acostumbrarse a los cadáveres, respirar por las grietas de los delfines, levantar una y otra vez este mundo o la soledad.

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Desde la fragilidad

I

Las horas dormidas entre el alcohol y las lágrimas son ahora escombros de este paisaje que sólo sabe a arrepentimiento. La suerte de última hora, una esperanza inútil colmada de petróleo. Todo este abismo que debió ser juventud, sólo admite cicatrices y distancia entre los torsos.

Pero me aferro a mi voluntad, a esta memoria que esquila la hiel y al tiempo que terminará borrándome.

II

Vendrán unos ojos -los tuyos- que arrasarán con todo, dejando el mundo limpio de las ruinas de otros cuerpos, de los esqueletos de aquellos sueños que abrieron herida o extinguieron el amanecer.

Y a esa nueva muerte postergada la volveré a llamar amor.

III

Cuando las palabras se agoten y el futuro sea una cuenta atrás, buscaré el camino en una ventana o dejaré que la cobardía me consuma en una comodidad brotada del olvido.

 

Exigencias del guión

La distancia es el lenguaje que todos acabamos hablando.

La noche tendida en el mar y las hogueras consumiendo las promesas que no terminan en herida. Pero el mundo era nuevo para mí y pensé que aquello era el comienzo, que la honestidad era el camino cuando alguien te confía sus lágrimas y comparte los besos. El espejismo de un nosotros tan largo como la sombra de una muleta.

Siempre hay tres cruces, y tú fuiste la tercera. Tres veces la misma historia, tres veces el mismo ancla, pero solo una desesperación: la vuestra. Y mi ingenuidad. El miedo que llamáis esperanza y el miedo que llamo rencor. Después el ruido que quema y araña cuando las cosas llevan sangre, el desfile de momias y el recuerdo enmarcado en una almohada que miente, pero consuela.

El silencio es siempre un fracaso, por eso la distancia es la excusa perfecta para no mirarse en el espejo.