Desde la fragilidad

I

Las horas dormidas entre el alcohol y las lágrimas son ahora escombros de este paisaje que sólo sabe a arrepentimiento. La suerte de última hora, una esperanza inútil colmada de petróleo. Todo este abismo que debió ser juventud, sólo admite cicatrices y distancia entre los torsos.

Pero me aferro a mi voluntad, a esta memoria que esquila la hiel y al tiempo que terminará borrándome.

II

Vendrán unos ojos -los tuyos- que arrasarán con todo, dejando el mundo limpio de las ruinas de otros cuerpos, de los esqueletos de aquellos sueños que abrieron herida o extinguieron el amanecer.

Y a esa nueva muerte postergada la volveré a llamar amor.

III

Cuando las palabras se agoten y el futuro sea una cuenta atrás, buscaré el camino en una ventana o dejaré que la cobardía me consuma en una comodidad brotada del olvido.

 

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