La salida

Todos somos una decepción insoportable para el tiempo o la esperanza, el ala rota que promete una tierra que no traerá el descanso, sino la desaparición. Vacío y orgullo.

Por eso las palabras terminan haciéndose añicos y la carne se corta con ellas. Por eso sólo recordamos aquello que dio cimiento a las cicatrices, aunque cada noche preñemos de sonrisas las almohadas. Porque vivir es falsear la realidad a través de la memoria o el verbo, empeñarse en acomodar el corazón a una mentira que permita dar raíz al instinto.

A pesar de la voluntad que fracasa, de este aislamiento que solo nos permite ser isla y sangre derramada, el otro -tú- sigue siendo el engaño perfecto para buscar la redención, la salida o la tortura que lleva de una cruz a otra.

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