Doble lectura

Primera lectura (la tuya)

Llega la victoria en un silencio que no conocieron mis lágrimas…

De repente, el amor no es suficiente -nunca lo es- y las heridas que maquillaste a fuerza de besos se vuelven a llenar de ojos que lloran sangre. De repente, el corazón vuelve a estar vacío -siempre lo está- y la soledad se hace fiebre de esa desesperación que te achica el mundo.

De repente, la vida no es tu voluntad o la mía, un vuelo limpio, sino aceptar la caída antes de llenarnos la boca de tierra.

Segunda lectura (la mía)

En el texto anterior sustituye “De repente,” por “Porque”.

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