Las personas adecuadas

Este no es un día para las promesas, sino para los hechos. Aquí yacen las dudas y el pasado, porque lo que importa siempre está en el horizonte, no en las cicatrices.

El amor te llevó a esta orilla, a pesar las lenguas y sus bailes de cuchillos, de la sombra de los errores y el cieno de lo cotidiano. No fue la suerte ni la casualidad, sino la valentía y el cansancio en los huesos los que te llevaron a las faldas de la armonía. Aprendiste que la felicidad no se construye con las costumbres, sino con la certeza de un hombro firme como columna y unos labios tiernos para el olvido. Porque dos nunca fueron uno, sino un enjambre de sombras que luchan por ser luz mientras lloran.

Y alcanzasteis el alba, cuando de las tormentas del cariño y la rutina, nació una caricia de eternidad que llamamos retoño. Ya no hay más futuro que el pulso de su sonrisa, que la mañana de sus ojos. Ya no hay más que la voz de su corazón y el sacrificio de vuestra sangre para que sea escuchada.

No sabemos qué nos espera, pero si las grietas y los años agotan la esperanza, si de vuestro amor sólo queda la carne o la voluntad de vuestro hijo, no os equivoquéis, seguiréis siendo, el uno del otro, las personas adecuadas. Porque aunque todos acabemos en ruinas, no todos alcanzaremos el paraíso.