Ser libre, estar solo (II)

La melancolía enmudece al mundo y da garganta al corazón.

Cada vez que alguien atraviesa estas murallas, cada vez que grito aleluya y vuelvo a compartir carne, sombra, cariño y reflejo, me siento más solo. Todos acabamos siendo una decepción, por eso me veo otra vez con la sien encañonada. Las mismas mentiras, la misma vergüenza. No importa cómo empiece, siempre acaba siendo menos de lo que esperaba.

¿Dónde están las manos que iban a sostener mi mundo? ¿Dónde los ojos en los que debía verme? Detrás de cada abrazo partido sólo me ha quedado la sangre, una guarida llena de cuchillos y los besos cosidos al silencio. Mis grietas.

 Pero el piano se agota y amanece la voluntad.

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