Ser libre, estar solo (y III)

(Nadie sabrá del cementerio que suspira entre mis sienes)

No quiero seguir ese camino colmado de huellas en el que hay más arrepentimiento que abrazos, ni ese reloj o caudillo que os permite escoger el número de serie de vuestras decisiones programadas. No creo en la felicidad de talla única ni en las sonrisas rutinarias con las que disimuláis el vacío. No entiendo la vida como un conjunto de reglas, sino de elecciones.

La libertad es la sangre que arranca mi voluntad del mundo. Y también todos los barrotes que he tenido que aceptar mientras mis rodillas aprendían a comer tierra. Tan abiertas están mis alas como canales de mis ojos han ordeñado. Por eso el silencio, el ábaco y el hielo.

No puedo prometeros otro amanecer recién cortado, a penas esta ternura arrinconada entre tanta herida. No puedo ofreceros la belleza o el punto de fuga de un paisaje tendido en el horizonte, sólo ruinas aplazadas y olvido. Pero, si me dejáis, puedo admitir la esperanza.

Mientras tanto, sigo solo, pero soy libre.

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