Tempus regit actus (a tres voces)

No volveré a ver el cielo

limpio de sombras o de sangre,

cuando la vida era una playa sin borde

y el futuro, consecuencia de la esperanza.

Una soledad de espejo

susurró el fin de los mediodías,

mientras el pozo ahondaba en tus raíces

y tú te quedabas en nadie.

No volveré a escuchar con inocencia

las las promesas de amor o de anillo,

cuando la verdad jugaba entre los escombros

y la traición aún dormía sin elegir bando.

Los otros fueron la piel del  agua

de las decisiones o la suerte que no tuviste,

el miedo  y el orgullo

que terminaron de podar tus alas.

No hay nada más,

todo está agotado,

por eso la melancolía.

Ahora vive, hombre.