Definición

A F. P. O.

Quisiera hablar del amor,

de raíces compartidas,

de cómo con el tiempo caducan las victorias

y a pesar de ello resisten los abrazos.

Quisiera hablar del recuerdo,

de una sonrisa o las manos apretadas,

contar algo más que kilómetros

y la asfixia de una vida rutinaria.

Pero sólo puedo hablar con la boca llena de hielo,

porque aunque haya palabras que nos unen,

pesa más la que nos define:

extraños.

Sobre Europa

Nos han domesticado para estar pendientes de los pequeños problemas individuales e ignorar los grandes comunes: los primeros se solucionan con trabajo, dinero, amor o hijos; los segundos son lejanos e irresolubles. Hemos incorporado a nuestra idiosincrasia la gran mentira de ser el oasis de los derechos humanos, la ética del mundo. Porque tenemos el dinero suficiente para dar limosna y acabar de limpiarnos la conciencia por si las palabras no nos bastan. Juzgamos al resto del mundo con la simpleza infantil de los ignorantes o los necios, olvidando que lo que ocurre además de ser una desgracia, es una consecuencia por ser unos desgraciados: el dolor no sólo está en la pérdida de la vida de cristianos blancos, sino también en los pueblos masacrados para abaratar las necesidades artificiales de esta burbuja que llaman primer mundo. Pero es más fácil ser víctima y exigir venganza.

Europa, cada vez más, me recuerda a Estados Unidos, aunque más pretenciosa.

Un regalo y un consejo

Nada de lo que ves aquí está latiendo en la raíz del mundo, es solo la cantidad de desesperanza que puede soportar tu corazón.

Este paisaje encharcado de mentiras, te permite amortiguar el vértigo de los relojes, respirar junto a la miseria de los hombres y sus heridas como colmillos, quizá, resistir la soledad o el aislamiento. Pero no olvides que esta alegría se caduca con cada palabra, y que mañana los abrazos serán ruinas irreversibles que volverán a llevarte al vacío.

Y empezarás de nuevo, por que tú, ya aprendiste a llorar.

Cobardes

Amanecen amparados por la sombra del silencio, como un rumor de río enterrado. Usan la losa de su afonía como escudo para la inocuidad o la lágrima. Pero están levantando como hormigas una torre de miserias desde la que acabarán vomitando la culpa, en el mismo momento en el que la espada se haga  virtud y la herida pecado sobre el que establecer juicio.

Entonces, con el mascarón hecho trizas y la esperanza agotada en el último suspiro, la reciprocidad se hará deus ex machina.