Cobardes

Amanecen amparados por la sombra del silencio, como un rumor de río enterrado. Usan la losa de su afonía como escudo para la inocuidad o la lágrima. Pero están levantando como hormigas una torre de miserias desde la que acabarán vomitando la culpa, en el mismo momento en el que la espada se haga  virtud y la herida pecado sobre el que establecer juicio.

Entonces, con el mascarón hecho trizas y la esperanza agotada en el último suspiro, la reciprocidad se hará deus ex machina.

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