¿Dónde está la razón?

Podría afinar las palabras

con cada cuerda de un violín desesperado

y levantar el verbo como una espada de dos filos

que no dejara sombra de sed sobre la tierra.

Pero los laureles no están detrás de las lágrimas

de quienes envenenan la esperanza o la sangre,

sino acunados en los ojos sonrientes

de aquellos que esperan sin pedir dinero a cambio.

Porque la victoria nunca estuvo en la razón

sino en quienes te acompañaron en la derrota.