De las venas al suelo

Cada esperanza esconde una mentira,

cada mentira protege una verdad

y cada verdad evidencia un vacío.

 

Son las raíces de estos muros

las que ahondan las heridas y el desprecio,

la solitud.

Pero son las espinas de mis ojos

las que imponen la distancia precisa

que permite calcular los besos,

las que derrumban el sol

y vacían los relojes de manzanas.

 

En esta hora terrible,

mi corazón ya sin cuchillo ni cadena,

cicatriz pura y sombra antigua,

reclama en mis muñecas una grieta vertical

por la que poder respirar o matar la claustrofobia.

 

A veces mi pulso se diluye

y la memoria pesa más que la esperanza.

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