Promesas

No sabrás de las lágrimas cosidas a mis bolsillos

cuando te abrace para dejar que me defiendas

y creas que tus besos son los pasos

o el último refugio para mis heridas.

 

No sabrás de los suspiros por verme en tu mirada

cuando llene tus ojos con los míos

y sólo quede un nosotros efímero

que consumamos cuerpo contra cuerpo.

 

Después,

como vencidos por la marea,

llegará el olvido

y nuestras horas quedarán

agolpadas y confundidas

en el sumidero de cualquier sábana.

 

La rutina será la juez

y dirá si estas caricias que todavía nos queman

merecen un horizonte nuevo

o una muesca en la culata del revólver.

 

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