Los campos de Isgadreth

Las nubes ciegan con la tristeza de las cenizas el cielo y estos ladrillos a penas soportan tantos años de huesos desnudos y esperanzas que no llegan. Las hierbas asoman por los rincones y entre las ventanas. Saben dónde están los muertos. Ninguna cama protesta. Han aprendido que el orgullo es un lujo patrimonio de las ruinas y aquí sólo ha llegado el abandono. Y los insectos. Todos duermen, vencidos por sus decisiones y arrepentimientos, olvidados, incapaces de soportar la cordura. Este es el último amanecer y los recuerdos son ahora una hemorragia que hace más difícil la despedida. Pero yo he abierto los ojos a estos escombros de hormigón y carne. La sombra lo sabe. Nunca volveré a dormir como ellos.  La lluvia aparece y la luz se extingue como la voz de un ahorcado. Ya nadie tiene rostro. No pensé que llegaría tan pronto este momento. Creí que lo deseaba, pero ahora tengo miedo.

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