Siempre

Hay un precio que pagar.

Siempre.

No hay medias tintas,

como no hay libertad sin barrotes,

como no hay soledad sin compañía despreciada.

La distancia que guardan los erizos

marca la longitud de sus lágrimas

y cada espina es una cicatriz o venganza íntima

que duele tanto como hace daño.

Hay un precio que pagar.

Siempre.

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