Equivocarse de persona

Sentirse ridículo es una asimetría emocional que debe aceptarse. Se trata de asumir que no existe reciprocidad, de hecho, se trata de asimilar la existencia de una profunda diferencia entre lo que uno siente y la realidad que lo rodea. Esa discrepancia duele, pero también se supera. ¿La moraleja? La de siempre: guardar silencio. Frente al desprecio, solo cabe la indiferencia.

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