Meditación intempestiva

A veces los demás son un refugio, un consuelo, el espejo perfecto que distorsiona nuestra imagen y consigue calmar el corazón. Pero la soledad desanuda las mentiras y nos desarma con la sencillez de una pregunta. Siempre la misma pregunta. No importan las palabras compartidas por los labios, las manos que se encuentran cuando el dolor es zozobra. Al final, pesa más lo que callamos.

El silencio es una forma de llegar al olvido

y la decepción que escarba incesante en el pecho

hasta que el arrepentimiento deja paso a la nieve.

Nadie sabe cuál es el ajedrez de nuestros gestos, ignoran el sutil desaliento que se asoma por la complicidad desgastada, el abrazo que cada día abre más grieta y consume el camino que andamos juntos. Es el arte de la imagen, el maquillaje de la herida. Cinismo.

Vivimos aislados

en una caja de calcio que confundimos con el mundo,

engañados por la satisfacción de los instantes,

siempre heridos

por ese vacío con el que nos arrastramos hacia la nada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s