Un simple gesto

Aunque tus palabras siguen enterradas en esa herida

—¿quién llegó tan profundo?—

que tumba su sombra sobre este silencio en el que sonríes,

es tu voluntad quien la traiciona con un simple gesto,

la que derrumba mis dudas y vence al miedo enamorado,

levantando sus brazos con ternura

para susurrarme en una caricia

que mi voz puede ser más que otro recuerdo

acomodado entre la brújula de tus ojos.

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