Tu imagen de ti

Echar el ancla en el halago reciente, en la amabilidad de ajedrez y milímetro, en todo ese humo desmembrado que no habla de ti, sino de lo que quieren de ti.

Decidir que la verdad es palabra, no cimiento, que eres la mejor versión de ti mismo por ti mismo, dejando paso a la ingratitud o la negación para izar tu orgullo de Narciso reflejado.

Pero olvidar es ignorar las grietas, no cerrarlas, y tarde o temprano acaban dando caza a la alegría, a todas sus mentiras. Entonces el mundo queda desnudo y la antifonía da comienzo.

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No puedo escuchar lo que dices

Lo que haces habla tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices”. Ralph Waldo Emerson


El fascismo vuelve sin bozal ni correa a Andalucía, esa tierra que codician y odian a partes iguales. Y vuelve de manos de una democracia que permite la existencia de partidos políticos que defienden el odio, la confrontación, la lucha por la abolición de libertades para determinados grupos y la supremacía para otros, pero que es incapaz de encajar partidos democráticos que defienden nacionalismos distintos al español, hasta el punto de ilegarlizarlos. Una democracia que demuestra su falta de madurez y ética, su cinismo, al negarse a aislar a estos partidos e incluso pactar con ellos en nombre de la pluralidad y la legitimidad, cuando en el fondo solo buscan alzanzar la cuota de poder que exige su avaricia.

Firma del acuerdo entre PP y Vox de cara a la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía
Firma del acuerdo entre PP y Vox de cara a la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía. Jesús Prieto | Europa Press

Y más allá de la avidez de sus deseos, PP y C’s retratan su corazón fascista entregándose a un pacto con VOX: unos firmándolo con tinta, otros, con su silencio. Todo sea por los sillones, por el trono. Y lo hacen a través de algunas medidas como las siguientes:

  • Protección de los toros, la caza y reforma fiscal. Siguen anclados en los tópicos de la Andalucía del S. XIX, con los gustos y caprichos de los señoritos andaluces, la Andalucía explotada y muerta de hambre en la que solo la élite disfrutaba, esa que adoran y a la que quieren volver. Dan así la espalda a una sociedad en cambio que ya no acepta mayoritariamente el maltrato animal como una seña de identidad y la niegan defendiendo a una minoría en extinción de la que quieren hacer ley. Defienden a esa minoría adinerada que debe seguir engordando su patrimonio y privilegios a costa de la pobreza de la mayoría. Esa es su justicia social.
  • Derogación de la ley de memoria histórica. Quieren borrar el pasado, negar el genocidio que se cometió en España, con particular virulencia en Andalucía. Son unos negacionistas, unos revisionistas, los sucesores de aquellos que exterminaron a toda aquella persona que pensaba distinto a ellos. Fascistas.
  • Embarazos no deseados e identificación de inmigrantes en situación irregular. Sólo la punta del iceberg de sus políticas en contra de las mujeres, aquellas que son capaces de aceptar los PPC’s: la minoría de edad perpetua, la falta de autonomía, la imposición de una diferenciación inexistente más allá de los genitales por voluntad divina (salvo que el dinero en otro país, diga lo contrario). Una sombra de odio y menosprecio a lo diferente que también se focaliza especialmente en el colectivo inmigrante (siempre sospechoso, siempre delincuente, siempre vividor) y el LGTBI+ (los viciosos por antonomasia).

No nos podemos permitir el silencio ni el cruce de brazos. Van a por nosotros y ya sabemos que prometen esperanza para dar muerte y sufrimiento. No al fascismo, no en mi nombre, no en el de todos los muertos que todavía siguen en una cuneta.

La ley de Ohm

Nos resistimos a admitir las evidencias, porque creemos que aquello que recordamos aún permanece. Y es que la memoria es solo una almohada que, a veces, mullimos con excusas para dar sentido al dolor o ahuyentar al remordimiento; una copia de seguridad, donde alimentamos la esperanza de poder volver a ser felices o el consuelo de haberlo sido.

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Pero la realidad es más testaruda que las mentiras y las certezas terminan por alcanzarnos: la rutina, el amor, la pérdida, los años. Y todos los imposibles.

Solo hay una pregunta importante sobre nuestra resistencia: ¿nos permite llegar a tiempo?

Nombres

Los nombres son la memoria de las cosas, pero no la prueba de su existencia. Porque hay cosas que, a pesar del silencio, se hunden hasta la empuñadura y despiertan una hemorragia de esperanza que anuncia que el vértigo es ya caída. Nombres que llegan a los labios después de encoger el corazón. Nombres como cáncer.

Cuatro décadas

A C.R.S.

Atrás quedan los días ordeñados de gritos y risas, la gente que dejó su silencio y nos limpió de lágrimas. Atrás, la explosión y torpeza de la juventud, la efervescencia de todo lo que duele y cura al mismo tiempo. Atrás, el olvido. Y tú, como quien abanica su belleza tumbada sol, a mi lado.

Mi silencio

Puedo luchar contra las dudas,

pero no contra el miedo.

No contra el tuyo.

Porque el miedo es una negación sin raiz,

una ceguera,

la huída para encontrar el dolor

que explica la libertad

de estas ruinas donde nos acomodamos.

Círculo y espiral, eco.

En frente,

la impotencia de unas manos desnudas

—las del otro—,

sin arma ni escudo,

la mudez o las lágrimas.

Aquí mi soledad, mi silencio.

Y mi amor.

Habla

A veces,

busco el nombre de las cosas

-tu nombre-,

pero no su verdad:

las certezas están llenas de desesperanza,

y yo quiero luchar,

hasta llenarme la boca de sombra,

por una mañana sin el eco de los crisantemos.

A veces,

tropiezo con su ausencia

-con la tuya-,

y las dudas secuestran a punta de lágrima

cada palabra dormida entre mis dedos.

Entonces la sangre

hace acto de presencia:

el futuro es el único silencio soportable,

pero no tu mudez ni mi esperanza.

No me importa desandar las heridas,

volver a perder años de brújula y norte,

porque no hay más camino que la derrota

y la deliciosa alegría o el bronce

en el cenit de su arco.