Un simple gesto

Aunque tus palabras siguen enterradas en esa herida

—¿quién llegó tan profundo?—

que tumba su sombra sobre este silencio en el que sonríes,

es tu voluntad quien la traiciona con un simple gesto,

la que derrumba mis dudas y vence al miedo enamorado,

levantando sus brazos con ternura

para susurrarme en una caricia

que mi voz puede ser más que otro recuerdo

acomodado entre la brújula de tus ojos.

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A mis amigos

Hubo un tiempo en el que las brújulas, sólo apuntaban a la oscura hemorragia, que martirizaba mis sienes. El tiempo de un corazón con vértebras y el pulso dormido por la derrota. Una ceguera a penas calmada por mis manos, que buscaban copa y encontraron falda. Tiempo sin espejos, de tinta y espiral. Pero llegaron los delfines y su alboroto de bronce, la promesa de una pupila. Entonces aquel tiempo se desbrozó, agotado y satisfecho, sobre la esperanza de un lecho marino, después de tanto naufragio. Y al fin comprendí, que aunque la soledad sea un muro perpetuo que nos aisla, vuestro amor y el mío son las voces apagadas que nos consuelan del presido.

Conmigo

Aunque tus labios guarden una herida

enemiga de mi ternura sobre tu vientre,

amanecerás sin el plomo de la duda

por mis manos escultoras

de la espiga de tu cuerpo.

 

Aunque nada sé de los suspiros compartidos

o del reflejo en la pupila amada,

mellaré mi voluntad contra tu hielo

hasta que el mañana que te susurro

sea pulso y sur de tu alegría.

 

No te quiero a mi lado,

sino conmigo,

en el desierto de Sonora,

donde olvidemos el ayer

y aceptemos la esperanza

a pesar de todos los fracasos.

Tabula rasa

Una intención, un escudo, una huida o un quizá. La mentira, la traición. Un sí postergado. Y el mundo sobre un damero. Es el corazón el que nos engaña. Dime qué me das y te diré cuánto te quiero. Ayer es un tiempo lejano que no llena mis manos, una excusa para quienes han perdido. El olvido como moneda de cambio, la raíz de la negación que me hiere, todas las cosas con las que duermo pero aborrezco. Ahora, o será tarde para esta instantaneidad que me abriga. Conmigo o contra mí. Tú, pero solo la parte que ríe. Lo demás, solo palabras.

 

Mañana

Mañana quedará herida

la nieve o el grito que nos separa,

el silencio donde guardamos el miedo

a despertarnos con una cadena

al otro extremo cargada de nadie.

 

Mañana tus labios serán el cincel

de pétalo que den forma a mi carne,

tu cuerpo promesa de arcilla

donde mis manos emergerán de nuevo.

 

Mañana otro quizás

sobre nuestros pechos orillado

y la misma certeza

de esas dos palabras

todavía sin luz.

 

Mañana,

enredados en un ahora que huye,

seré lo que mereces

y tú,

lo que siempre he esperado.

Variación sobre el Guernica

Ahora que los delfines se desploman

y la tinta se seca sobre los esqueletos

acudo a la flor

o a la espada rota del soldado.

Ahora que el futuro ha dejado de menguar

y las riendas vuelven con dientes a mis puños,

ahora que atrás queda la muerte

con sus manos cuajadas de mis venas,

busco al toro que ampara

a esa madre que llora

por su hijo asesinado.

 

Sé que volverán las flechas sobre la paloma

y no habrá lámpara o quinqué

que me libre de la oscuridad de ese fuego

hambriento de muros y de carne.

Sé que no podré evitar la huida

desgajada a caballo sobre la hoz,

ni esperar que el azul agonice

para ofrecerme un abrazo

después del fin de la derrota.

 

No siempre hay cima o salida,

porque lo único que hice

fue acercarme a una pared para llorar:

no son los ladrillos ni el lienzo

la cadena que nos ancla a los grises

sino la promesa de la niñez

que creímos esperanza.

Aceptar los barrotes

es dar caza a la luz:

el amor no nos salvará

pero es nuestro mejor llanto

para limpiarnos de tierra.